Los therian son el tema del momento en medios y redes sociales. Lo que yo he visto, sobre todo, son memes de señores burlándose de chavitos que maúllan/ladran, usan orejas o máscaras de animales. Existen desde los memes de señora (que me encantan) sobre que somos víboras o tigresas del oriente, hasta los señores mamones que disfrutan ofender a la chaviza y las páginas exageradas que dicen que los adolescentes están exigiendo adecuaciones para vivir como animales (asunto exageradísimo).
Para comenzar esta bonita columna quiero ofrecer una definición de therian, recupero la explicación que me dio mi amigo Pablo Ortiz (que en realidad no era para mí, era para un vato que le gusta): “el término therian viene de la palabra griega theríon, que significa bestia salvaje. De ahí deriva en inglés therianthrope (teriántropo), relacionado con la teriantropía, que se refiere a la transformación de un ser humano en otro animal, ya sea de manera completa o parcial, así como a la transformación inversa, generalmente en contextos mitológicos o espirituales (esto según Wikipedia y una búsqueda rápida, habría que indagar más, claro)”.
Ahora bien, más allá de la raíz mitológica del término, lo que vemos hoy parece mucho más cercano a una expresión identitaria y estética juvenil. Considero que los therian funcionan como una tribu urbana de gente muy joven que encontró en ciertos animales su aesthetic, una forma de mostrar lo que sienten, como su “animal espiritual”, dices tú. Me parece completamente inofensivo, también creo que en cualquier momento muchos dejarán de vestirse así o retomarán algo de esa etapa en su identidad adulta, como nos pasó con los emo.
Retomo a los emo porque, mientras yo era una verdadera chavita a principios de los dosmiles, se satanizaba durísimo a quienes pertenecían a esa tribu urbana. Se rumoraba que eran suicidas, ansiosos, bisexuales y chillones, y bueno sí, mi generación era bastante de eso y seguimos siendo, la Netflix. Éramos, y somos, un reflejo de nuestro tiempo: visibilizando la depresión, la ansiedad y asumiéndonos abiertamente pro LGBTIQ+. Nada de eso le hace daño a nadie, sin embargo, los medios ridiculizaron nuestra forma de vestir, nuestros gustos musicales y nuestra presencia en redes, alimentando el pánico moral de señoras y señores ridículos que exageraban cada expresión, sin acercarse a sus hijos/as o a sus estudiantes.
Encuentro un enorme parecido entre lo que hoy están haciendo con los therian y lo que hacían con los emos al principio de los 2000. De los therian, los medios hablan de enfermedad mental y la conversación en general señala que “la juventud está peor que nunca”. ¿No les parece demasiada pinche coincidencia que este pánico therian surja justo en contextos donde hay cambios estructurales fuertes (como la reforma laboral en Argentina y la propuesta de reforma laboral fallida/alargada en México)?
Es en este momento cuando se deben abrir debates más profundos sobre precariedad, violencia y las redes de poder que sostienen a una minoría obscenamente rica. Mientras nos escandalizamos por chavxs con orejas de animal, pasan casi desapercibidos casos gravísimos que involucran a élites económicas y políticas, como el entramado de abuso y complicidades que rodeó a Epstein y sus cuates, como las miles de desapariciones forzadas en nuestro país. ¿De verdad el problema son adolescentes explorando una estética?
¿Por qué temerle a una minoría de chavxs vestidos de animal y no a una minoría de millonarios sin escrúpulos? Los segundos sí que dan miedo. Además, lo de sentirse animales fue hace bien harto, ya veíamos casos de teriantropía clínica como delirio en el Discovery Home And Healt, y desde hace años existen comunidades muy visibilizadas en internet como los furros.
Para cerrar esta bonita entrada de hoy, quiero decir algo sencillo: las juventudes siempre han experimentado con su identidad, su estética y sus formas de pertenecer. Lo seguirán haciendo, porque cada época tiene sus problemas, su moda, su música y su propia tribu urbana. Tal vez lo único que se repite no es la “crisis juvenil”, sino la certeza de cada generación adulta de que la siguiente está pendeja y perdida.
Por favor, señoras y señores (sobre todo treinteens, que son el grupo al cual pertenezco) no sean payasas, porque la que es payasa cae gorda, dejemos de mirar hacia abajo a las juventudes.

