Durante este fin de semana se hizo viral la noticia de la liberación de Flor N., una mujer de la tercera edad acusada de asesinar a varios perritos durante décadas, entre ellos a una pequeña llamada Moni, quien posiblemente fue su última víctima y la razón por la cual finalmente fue “juzgada”.
Para quienes no tengan el contexto del caso, les cuento.
Moni era una perrita de 16 años, ciega y sorda, que desapareció el 27 de mayo de 2024 en la colonia Ciudad Jardín, cerca de Coyoacán, en la Ciudad de México. Sus dueños compartieron fotos y videos con la esperanza de encontrarla; preguntaron a vecinos y a personas de la zona para dar con su paradero, pero sin éxito.
¿Cómo fue que la localizaron?
Sus dueños recibieron una llamada anónima de alguien que decía creer saber dónde estaba Moni. A partir de esa pista solicitaron las grabaciones de las cámaras de seguridad de un conjunto de departamentos cercanos a su domicilio.
La sorpresa fue enorme. En las grabaciones se podía ver a una mujer mayor ingresar al inmueble con la perrita ¿Quién era?: Flor N.
Flor, una mujer de 77 años, a quien previamente ya le habían preguntado si había visto a la perrita y que lo negó, fue la responsable de golpear hasta matar a la indefensa Moni. Después enterró su cuerpo en una jardinera detrás de su vivienda para ocultar el crimen.
Cincuenta años de violencia
Y aquí surge otra pregunta inevitable: ¿Por qué la llaman la “mata perros”?
El caso de Moni abrió la puerta a cientos de testimonios de vecinos que ya habían señalado a Flor de desaparecer y asesinar perros y gatos en la zona. Incluso algunos aseguraban que salía de su departamento “en busca de víctimas”. Pero sin pruebas, no había delito que perseguir.
El caso de Moni —y, por supuesto, el incansable trabajo de su dueña por buscar justicia— logró que se le vinculara a proceso. Una batalla que activistas y defensores de los animales celebraron.
Y es que, según testimonios y versiones que circulan públicamente, la mujer llevaba aproximadamente cincuenta años asesinando animales. Sí, CINCUENTA AÑOS. Es decir, su odio desmedido hacia los seres sintientes habría comenzado alrededor de los 25 años de edad, o al menos desde entonces habría iniciado esta práctica.
La decisión del juez
El pasado 6 de marzo se dio a conocer la tristísima noticia: Flor fue liberada. ¿Su sentencia?
- Una reparación del daño
- Firmar periódicamente ante la autoridad
- Evaluaciones psicológicas
Y no pisará la cárcel, pues al ser considerada adulta mayor y encontrarse “delicada de salud”, el juez decidió otorgarle otras medidas para cumplir su condena.
Y es aquí donde yo me pregunto… ¿Cuál es el criterio para medir a un asesino?
Porque hay que llamarla por lo que es: Una asesina.
Una persona que no solo le quitó la vida a Moni, sino que —según múltiples testimonios— repitió esta práctica durante cinco décadas. Es decir, su conducta criminal se desarrolló con plena conciencia, en uso de sus facultades y con la suficiente salud para cometer estos crímenes uno tras otro con total impunidad.
¿Hasta dónde puede llegar nuestra empatía?
Si me lo preguntan —y evidentemente sin conocer a Flor—, creo que si hace menos de dos años tuvo la fuerza suficiente para matar a golpes a una perrita ciega y sorda, lo lógico sería pensar que también tenía la fuerza necesaria para cumplir una condena.
Una condena que, además, en la Ciudad de México tiene un máximo de seis años de prisión.
Seis años.
Seis años que no representan ni una octava parte del tiempo que ella pasó maltratando y asesinando animales.
Moni merece justicia
Moni merece justicia. Los dueños de Moni merecen justicia. Y todos los animales a los que Flor les robó la vida merecen justicia.
No nos confundamos. Ya no estamos en los tiempos en los que al mayor se le respeta o protege únicamente por su edad.
Existen —y seguirán existiendo— personas crueles que, sin importar si tienen 20 o 77 años, seguirán cometiendo crímenes con total frialdad… Y Flor representa un peligro para los animales que habitan en su comunidad.
Se ha dicho en múltiples ocasiones. Lastimar a un ser sintiente refleja una profunda falta de empatía. Y hacer lo que Flor presuntamente hizo durante tanto tiempo es una señal aún más alarmante: la ausencia total de remordimiento ante el sufrimiento ajeno.
¿En verdad queremos a una persona así caminando por las calles?
La lucha animalista y la erradicación del maltrato animal en México es un camino que tenemos que recorrer sí o sí.
En un país donde la violencia aumenta cada día, donde los criminales son cada vez más jóvenes y donde se ha vuelto común despertar con noticias de desaparecidos, asesinados o cuerpos abandonados, no podemos darnos el lujo de “ser considerados” con alguien que ha ejercido violencia durante tantos años.
Es momento de que las instituciones gubernamentales demuestren que el bienestar animal sí forma parte de la agenda pública, que la aplicación de la ley también alcanza a quienes maltratan animales, y que no se trata solo de un discurso vacío para ganar votos.
Porque si no, como diría mi perro si pudiera hablar… A otro perro con ese hueso.
⚖️ Polémica en #CDMX. Flor “N”, una mujer de 77 años señalada por envenenar perros en #Coyoacán, quedó en libertad tras aceptar su culpa por matar a Moni, una perrita ciega y sorda de 16 años. Vecinos y activistas la encararon al salir de los juzgados. #MaltratoAnimal pic.twitter.com/J34kZhEytD
— Ni Perra Idea – Periodismo Daltónico (@NP_ideaa) March 8, 2026
