Más de 3.7 millones de pesos fueron destinados para la rehabilitación de Tetzcotzinco, Huexotla y Los Melones, tres sitios clave del legado prehispánico en el Estado de México.
El patrimonio también necesita cuidados urgentes. Y esta vez, el turno fue para Texcoco. A través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Gobierno de México impulsó un programa de restauración que impactó directamente en tres zonas arqueológicas emblemáticas: Tetzcotzinco, Huexotla y Los Melones, espacios que resguardan siglos de historia acolhua.


Con una inversión de 3.7 millones de pesos, las acciones formaron parte del Programa de Acciones de Renovación, Rehabilitación y Mejoramiento de Zonas Arqueológicas y Museos, que también alcanzó otros puntos clave del Estado de México como Teotihuacan, Malinalco, Chimalhuacán y Tenayuca, además del Museo Nacional del Virreinato.
Tetzcotzinco: agua, ritual y poder
Uno de los espacios más relevantes intervenidos fue Tetzcotzinco, conocido también como “los baños de Nezahualcóyotl”. Este sitio no había recibido una rehabilitación de gran escala desde la década de 1980, lo que dimensiona la importancia de los trabajos actuales.
En este lugar aún pueden observarse canales, escalinatas, basamentos y tinas, parte de un sofisticado sistema hidráulico construido entre 1250 y 1521 d.C.. Más allá de su función práctica, especialistas señalan que este sistema también pudo tener usos rituales, recreativos e incluso curativos para las élites prehispánicas.
Las labores incluyeron eliminación de grafitis, reintegración de materiales pétreos, limpieza profunda y control de microorganismos, buscando no solo preservar, sino dignificar el espacio para visitantes.
Huexotla y Los Melones: estructuras que vuelven a respirar
En Huexotla, zona contemporánea a Tetzcotzinco, se trabajó sobre cuatro de sus siete basamentos, incluyendo el Templo de Ehécatl. Aquí se realizaron tareas de consolidación estructural, retiro de vegetación invasiva y rehabilitación de espacios de servicio, además de mejoras en infraestructura como la caseta y la malla perimetral.
Por su parte, Los Melones, un conjunto residencial del mismo periodo, recibió intervenciones más puntuales pero clave: restauración de muros, reintegración de elementos y estabilización de estructuras que ya mostraban deterioro avanzado.



Una intervención sin precedentes
De acuerdo con autoridades del INAH, es la primera vez que se atiende de manera simultánea un conjunto tan amplio de zonas arqueológicas abiertas al público en la entidad, lo que marca un precedente en la gestión del patrimonio cultural.
La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, subrayó que estas acciones no solo buscan conservar estructuras, sino mantener viva la memoria histórica y fortalecer el vínculo entre las comunidades y su pasado.
En tiempos donde lo inmediato suele devorar la memoria colectiva, apostar por el patrimonio es también una forma de resistencia cultural. Estas intervenciones prometen devolverle vida a espacios que cuentan historias milenarias… pero como siempre, el verdadero impacto se medirá en el tiempo y en el cuidado que logren mantener las generaciones futuras.





