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Entrevista perronas con gente de pocas pulgas

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Lo vieron sufrir… y nadie actuó: crueldad animal en Tehuacán

Un caso de extrema crueldad animal ha generado indignación social y reavivado el debate sobre la responsabilidad ciudadana y la urgencia de denunciar el maltrato en el estado.

El pasado 1 de julio, comenzó a circular en redes sociales —principalmente en Facebook— una publicación que pedía apoyo para capturar a un perro gravemente herido y trasladarlo a atención veterinaria. El mensaje incluía una ubicación precisa: Avenida de la Juventud, antes de la gasolinera rumbo a Rancho Las Flores, en Tehuacán.

La imagen que acompañaba el reporte mostraba a un perro negro con quemaduras severas en el lomo, con la piel expuesta y en carne viva, deambulando a plena luz del día.

Tres días de búsqueda… y un desenlace fatal

Tras la difusión del caso, Alexa Ixchel Escudero, rescatista independiente, inició la búsqueda del animal recorriendo distintos puntos donde había sido reportado. Durante tres días, los esfuerzos fueron constantes, pero sin resultados.

Fue hasta el 4 de julio, alrededor de las 14:00 horas, cuando finalmente logró localizarlo. El hallazgo confirmó el peor escenario: el perro ya no tenía vida.

En redes sociales, la rescatista expresó:

“Desgraciadamente ya lo encontré después de tres días… es urgente denunciar, no podemos permitir que esto siga; el maltrato es un delito”.

El cuerpo del animal fue encontrado en una zona de maleza cercana a la gasolinera referida, un punto que, según testimonios, enfrenta además problemas de abandono animal y acumulación de desechos orgánicos, lo que ha derivado en la presencia de manadas de perros en condición de calle.

Indiferencia social: el punto crítico

En entrevistas posteriores, Escudero fue contundente al señalar un factor clave en el desenlace: la inacción de quienes vieron al animal mientras aún estaba con vida. De acuerdo con su testimonio, múltiples personas:

  • Lo vieron deambular herido
  • Tomaron fotografías
  • Compartieron publicaciones

Pero nadie intervino para resguardarlo o solicitar ayuda inmediata.

El señalamiento no es menor. En contextos de emergencia animal, el tiempo de reacción puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

“No todos tienen dinero para un veterinario, pero sí pueden resguardar al animal y pedir ayuda”, subrayó la rescatista.

Indicios de crueldad extrema

Por las características de las lesiones, se presume que el perro fue víctima de quemaduras provocadas, posiblemente con algún tipo de líquido caliente o sustancia corrosiva.

Este nivel de agresión ya no se considera únicamente maltrato, sino crueldad animal, una conducta tipificada como delito en la legislación vigente.

Un problema estructural en la zona

El lugar donde fue encontrado el animal revela una problemática mayor:

  • Abandono sistemático de perros, incluso hembras embarazadas
  • Presencia de más de 40 perros ferales
  • Tiraderos clandestinos de residuos (como restos de pollo)
  • Riesgos tanto sanitarios como de seguridad

Este contexto no solo agrava la vulnerabilidad de los animales, sino que también complica las labores de rescate.

Llamado urgente: denunciar y actuar

Este caso no es aislado. Activistas y rescatistas coinciden en que en Tehuacán los episodios de maltrato y crueldad animal son recurrentes, pero rara vez derivan en sanciones.

La exigencia es clara:

  • Denunciar cualquier acto de maltrato animal
  • Reportar de inmediato a autoridades o instancias de bienestar animal
  • No ignorar situaciones de sufrimiento evidente
  • Promover una cultura de corresponsabilidad social

También se ha señalado la necesidad de fortalecer la aplicación de la ley, investigar a posibles responsables —incluyendo a quien pudiera haber sido el propietario del animal— y garantizar que estos actos no queden impunes.

Una historia que no debió terminar así

Este caso deja una pregunta incómoda pero necesaria:

¿Qué habría pasado si alguien hubiera intervenido a tiempo?

La crueldad que sufrió este perro no solo evidencia la violencia contra los animales, sino también una falla colectiva: ver, compartir… y no actuar. Hoy, la exigencia no es solo indignación.

Es acción. Es denuncia. Es no volver a voltear la mirada.