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La F1 entra en la era de la energía inteligente

F1 2026 – Semana 3. Gestión de energía: cuando la potencia deja de ser solo potencia

Durante años, la Fórmula 1 trató la energía como algo que simplemente se usaba.
A fondo en la recta, a fondo en la salida de la curva, a fondo siempre que se pudiera.

En 2026, esa lógica se rompe.
La energía deja de ser un recurso automático y pasa a ser una decisión constante.

El nuevo reglamento no solo cambia cifras o porcentajes. Cambia la forma en la que el auto construye su rendimiento. La parte eléctrica deja de ser un complemento sofisticado y se convierte en un actor central. Ya no importa únicamente cuánta potencia tiene el coche, sino cómo la distribuye a lo largo de la vuelta.

Antes y ahora: cómo cambia la lógica del rendimiento

Durante la era híbrida que va de 2014 a 2025, la gestión de energía estaba pensada para acompañar al motor térmico. La electricidad ayudaba a sostener el ritmo, pero rara vez definía el carácter completo del auto.

En 2026, esa relación se invierte.

  • F1 híbrida 2014–2025:
    La potencia eléctrica funciona como refuerzo puntual. El motor de combustión marca el ADN del coche y la gestión busca mantener rendimiento estable durante la vuelta.
  • F1 2026:
    La energía eléctrica se vuelve protagonista. El rendimiento depende de cuándo se usa, no solo de cuánta se tiene disponible.

Antes, un error de gestión se notaba en el final de la vuelta.
En 2026, puede sentirse dos curvas después.

El mensaje es claro: más protagonismo eléctrico, menos dependencia del motor térmico. No para volver a la F1 lenta, sino para obligar a los equipos a pensar la vuelta como un todo y no como una suma de rectas a fondo.

Cuando la energía define la pelea

La gestión de energía impacta absolutamente todo.
Aceleración, velocidad punta, tracción, temperaturas, degradación de neumáticos e incluso el comportamiento de la aerodinámica activa. Usar energía en el momento equivocado puede significar quedar vulnerable en una recta, no tener respuesta para defender una posición o perder ritmo justo cuando la pelea se intensifica.

Aquí se rompe otra comodidad de la F1 moderna: la potencia siempre disponible.
En 2026, gastar energía es una apuesta. Y apostar mal se paga varias curvas después.

Para los equipos, el desafío es profundo.
Ya no alcanza con diseñar un motor eficiente. La unidad de potencia, el software, la aerodinámica activa y la estrategia de carrera tienen que funcionar como un solo sistema coherente. El auto deja de ser una máquina que se empuja siempre al límite y pasa a ser una plataforma que se gestiona vuelta a vuelta.

Para el piloto, el cambio es igual de exigente.
No basta con frenar tarde o acelerar antes. Hay que leer la carrera, anticipar escenarios y entender cuándo conviene atacar y cuándo guardar. La inteligencia vuelve a pesar tanto como la agresividad, y los errores de cálculo se notan de inmediato.

La Fórmula 1 no está redistribuyendo la potencia por corrección ecológica.
Lo está haciendo porque la potencia sin gestión dejó de aportar a la competencia real.

2026 no quiere autos menos rápidos.
Quiere carreras donde la energía sea parte de la batalla, no un fondo invisible que siempre está ahí.

La próxima semana seguimos quitando capas: las unidades de potencia y por qué este reglamento puede cambiar el orden de la parrilla más de lo que muchos creen.