Coco llegó a MINERVA Hospital Veterinario después de sufrir una caída y perder la movilidad de sus patas traseras. Días después murió tras presentar diversas lesiones y un deterioro en su estado de salud. Su familia cuestiona la atención recibida y pide que su experiencia sirva para que otros tutores estén informados.
Coco entró buscando ayuda y terminó dejando detrás una familia con el corazón roto y muchas preguntas.
Una familia de Puebla hizo pública una denuncia ciudadana contra MINERVA Hospital Veterinario, luego de la muerte de su perrita Coco, quien ingresó al establecimiento el pasado 23 de septiembre de 2026, después de sufrir una caída que le provocó pérdida de movilidad en la parte trasera de su cuerpo.
La familia decidió contar su historia en redes sociales, según explica, no solamente para compartir su dolor, sino para que otras personas puedan tomar decisiones más informadas al momento de elegir dónde atender a sus animales de compañía.
Y en Ni Perra Idea creemos que cuando una historia involucra a un ser sintiente, también merece ser escuchada, investigada y, cuando existen dudas, denunciada por las vías correspondientes.
Coco llegó por una caída
De acuerdo con el relato de la familia, después del accidente llevaron a Coco a MINERVA Hospital Veterinario, donde le realizaron análisis de sangre, orina y radiografías.
El diagnóstico inicial que les comunicaron fue que la caída había provocado daño en la médula espinal y que existía la posibilidad de que recuperara la movilidad mediante fisioterapia.
Con esa esperanza, la familia decidió dejarla hospitalizada.
Coco permaneció internada del 23 al 28 de septiembre, cinco días durante los cuales, según sus familiares, no podía sostenerse ni cambiar de posición por sí misma.
La familia asegura que llevó cobijas para que pudiera permanecer protegida y cómoda, pero durante esos días dejaron de encontrarlas.
El 25 de septiembre recibió su primera sesión de fisioterapia.
Pero cuando Coco salió del hospital, algo llamó poderosamente la atención de sus humanos.



Las heridas que, aseguran, no tenía antes
Al recogerla el 28 de septiembre, la familia afirma que encontró las uñas de sus patas delanteras abiertas y heridas.
Según su testimonio, en MINERVA les explicaron que Coco se había lastimado dentro de la jaula porque era muy sensible y se apoyaba o se enterraba contra los barrotes intentando sostenerse.
Le recetaron Furacine para tratar las heridas. Pero después aparecieron nuevas lesiones.
La familia relata que detectó una herida justamente en el sitio donde Coco había sido canalizada. La describen como un orificio con presencia de pus.
Regresaron al hospital, donde —según su relato— la lesión fue limpiada y se retiró el material purulento. Posteriormente, sus patas fueron vendadas.
Más adelante, aseguran haber observado marcas y heridas de canalizaciones en tres de sus patas. Y aquí aparece una de las preguntas que la familia dice no poder responder:
¿Cómo se produjeron esas lesiones precisamente en los lugares donde Coco había sido canalizada?
La familia aclara que no pretende sacar conclusiones que no le corresponden y que está contando lo que vio y vivió durante el proceso.



Llegaron nuevos diagnósticos
Con el paso de los días, el panorama se volvió todavía más complicado.
La familia asegura que se les informó que Coco presentaba síndrome de Cushing, pero afirma que no se realizaron estudios que confirmaran ese diagnóstico.
También se les habría explicado que no podían realizarse determinadas pruebas porque los medicamentos que estaba tomando podían alterar los resultados.
Posteriormente, les hablaron de una posible coagulación intravascular diseminada (CID) como explicación de las lesiones.
Nuevamente, de acuerdo con el testimonio familiar, no recibieron un estudio que confirmara ese diagnóstico.
Mientras Coco había llegado por una caída y pérdida de movilidad, ahora enfrentaban heridas, nuevos diagnósticos y un estado de salud cada vez más delicado.



“Solo queríamos saber qué estaba pasando”
La familia asegura que recibió un pronóstico desfavorable y que incluso se les habló de la posibilidad de que aparecieran nuevas lesiones, de amputar extremidades y de practicarle la eutanasia.
Mientras tanto, en casa, describen que Coco sufría.
No podía dormir ni moverse adecuadamente, lloraba y se quejaba pese a los medicamentos, llevaba dos días sin comer y tampoco podía defecar por sí misma.
Ante la desesperación y buscando una segunda opinión, el 2 de octubre llevaron a Coco con otro veterinario.
Según la familia, en esa consulta les informaron que presentaba úlceras en el estómago y en la boca y que la cantidad de medicamentos que recibía podía estar afectándola.
Para entonces, Coco se encontraba gravemente deteriorada.
Coco dejó de sufrir el 3 de octubre
El 3 de octubre de 2026, la familia tomó la decisión de practicarle la eutanasia.
Una decisión que describen como una de las más dolorosas que han tenido que tomar, pero que —señalan— buscaba evitar que Coco continuara sufriendo.
El 5 de octubre recibieron sus cenizas.
La cuenta final de esta historia, aseguran, superó los 16 mil pesos entre consultas, medicamentos y tratamientos.
Pero hay cosas que no se pueden medir en pesos. Como las preguntas que quedaron.


¿Hubo negligencia? Eso tendrá que determinarse
En Ni Perra Idea no podemos afirmar que existió negligencia médica veterinaria. La denuncia ciudadana, por sí misma, no demuestra una responsabilidad profesional.
Sin embargo, el relato de la familia y los documentos que aseguran poseer —entre ellos estudios, radiografías, recetas, comprobantes de pago y fotografías de las lesiones— dejan planteados cuestionamientos sobre el diagnóstico, el tratamiento y las condiciones en las que Coco permaneció hospitalizada.
Determinar si existió o no una mala práctica requeriría una valoración veterinaria y, en su caso, pericial independiente, además de escuchar la versión de MINERVA Hospital Veterinario.
Y precisamente por eso es importante no dejar las dudas en redes sociales.
Si tienes conocimiento de un posible caso de negligencia, maltrato o cualquier situación que ponga en riesgo a un animal, denuncia y conserva toda la evidencia posible: expedientes, recetas, estudios, fotografías, videos, comprobantes de pago y diagnósticos.
Porque ellos no pueden contar lo que les pasó. Pero nosotros sí podemos alzar la voz por ellos.
Coco ya no puede recibir respuestas. Ahora, lo mínimo que merece su historia es que sus preguntas no queden en el aire. Descansa en paz, Coco
