“Pensarnos Juntas” y “Los sueños de Carolino” ponen rostro, voz… y corazón a la comunidad universitaria
No todos los libros se leen igual. Algunos se sienten.
En el arranque de actividades de la FENALI BUAP 2026, la rectora Lilia Cedillo Ramírez participó en la presentación de dos obras que, aunque distintas en forma, comparten algo esencial: cuentan historias que nacen desde la vida universitaria y regresan a ella con fuerza.
Una desde la voz de las mujeres.
Otra… desde las huellitas que dejaron marca en toda una comunidad.

Voces que resisten y construyen
“Pensarnos Juntas: Mujeres universitarias en diálogo” reúne testimonios de estudiantes, académicas, investigadoras y trabajadoras que han construido su camino dentro de la BUAP.
No son historias ideales. Son reales. Relatos de quienes dejaron su hogar para estudiar, de quienes enfrentaron barreras, de quienes resistieron… y también de quienes hoy miran hacia adelante y dicen qué esperan de su universidad.
“Son historias que nos inspiran”, resumió la rectora.
Y sí: en cada página hay algo más que trayectoria… hay lucha, hay decisiones y hay futuro.
El lomito que se volvió historia
Pero hubo un momento que cambió el tono… y conectó distinto.
“Los sueños de Carolino” no es solo un libro. Es la historia de un lomito que llegó a la BUAP… y terminó convirtiéndose en parte de su identidad.
Carolino no llegó con credencial. Llegó con mirada noble… y se quedó con todos.
Adoptado por estudiantes de Filosofía y Letras y cuidado por personal universitario, este perrito pasó de recorrer pasillos a convertirse en guardián, compañero… y símbolo.
“La historia de Carolino es muy especial”, dijo la rectora. Y lo es.
Porque su presencia no solo dejó cariño: ayudó a transformar la universidad en un espacio pet-friendly, impulsó proyectos como CAETO y demostró algo simple pero poderoso… que las huellitas también construyen comunidad.

Más que libros… reflejos
En un mismo espacio, dos historias distintas coincidieron:
- Mujeres que rompieron barreras
- Un lomito que rompió rutinas
Ambas, con algo en común: dejaron huella. Porque al final, eso es lo que hacen los libros que valen la pena…
no solo se leen, se quedan. Y en la FENALI, entre páginas y voces, también hay historias que se sienten… incluso cuando vienen en cuatro patas.








