El presidente de Estados Unidos ordenó evaluar si el lobo gris y el lobo mexicano pueden perder o reducir su protección bajo la Ley de Especies en Peligro. La medida prende las alarmas porque en libertad apenas sobreviven poco más de 300 lobos mexicanos en territorio estadounidense.

Al lobo mexicano le tomó décadas volver a caminar libre por los territorios de Estados Unidos. Ahora, una decisión de Donald Trump podría poner en riesgo parte de ese esfuerzo de conservación.
El presidente estadounidense firmó el pasado 4 de septiembre la orden ejecutiva “Supporting America’s Ranchers”, una medida enfocada en respaldar a los ganaderos estadounidenses que, entre otras disposiciones, ordena al Departamento del Interior revisar si el lobo gris y el lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi) cumplen con los criterios para reducir o retirar su protección bajo la Endangered Species Act (ESA).
La orden establece un plazo de 90 días para que el secretario del Interior, Doug Burgum, determine si ambas especies cumplen con los criterios de recuperación. Si concluye que sí, deberá iniciar el proceso administrativo correspondiente para su “downlisting” —reducción de categoría de protección— o “delisting”, es decir, retirarlas de la lista federal.
Y aquí viene el punto que preocupa a organizaciones conservacionistas: la orden también plantea facilitar las autorizaciones para la eliminación letal de lobos cuando sean considerados una amenaza para el ganado o la seguridad humana, además de revisar los mecanismos de compensación para los ganaderos por pérdidas atribuidas a depredadores.
No, todavía no les quitaron la protección
Hay que ponerle lupa a este punto.
El lobo mexicano continúa protegido actualmente en Estados Unidos. La orden ejecutiva no elimina de inmediato su estatus bajo la ESA; lo que hace es poner en marcha una revisión que podría conducir posteriormente a una reducción o eliminación de esas protecciones.
Es decir: no estamos hablando de que mañana los lobos mexicanos queden automáticamente desprotegidos, sino de una decisión que puede abrir la puerta a modificar el esquema que durante décadas ha permitido recuperar a una especie que llegó a estar prácticamente desaparecida de la vida silvestre estadounidense.
¿Y cuántos quedan?
Aquí está una de las razones por las que la decisión genera preocupación.
El conteo oficial de 2025 registró un mínimo de 319 lobos mexicanos viviendo en libertad en Estados Unidos: 143 en Arizona y 176 en Nuevo México. La cifra representa un crecimiento importante frente a los 286 contabilizados en 2024.
Sí, la población está creciendo. Y eso es una buena noticia.
Pero decir que está creciendo no significa que la especie haya dejado de necesitar protección.
El propio programa de recuperación establece como uno de sus criterios para avanzar hacia una reducción de protección un promedio de 320 lobos documentados anualmente durante cuatro años. La cifra de 319 animales registrada al cierre de 2025, por sí sola, no equivale a haber cumplido ese criterio durante el periodo requerido.
Además, el lobo mexicano arrastra una historia brutal.
Durante décadas fue perseguido y eliminado de buena parte de su territorio debido, entre otros factores, a conflictos con la ganadería. En 1976 fue incluido como especie en peligro y posteriormente comenzó un programa binacional de reproducción en cautiverio para evitar su desaparición.
La reintroducción en Estados Unidos comenzó en 1998, cuando apenas quedaban unos cuantos ejemplares disponibles para recuperar la población silvestre.
Hoy hay cientos. Pero cientos no significa que sobren.
Una población que todavía enfrenta un problema genético
El reto tampoco termina contando lobos.
La población estadounidense desciende de un número extremadamente reducido de ejemplares fundadores, lo que representa un problema de diversidad genética y vuelve especialmente importante mantener estrategias de manejo y conservación de largo plazo.
Por eso, para los defensores de la especie, avanzar demasiado rápido hacia una reducción de las protecciones podría resultar contraproducente.
El argumento de quienes respaldan la medida es distinto: los ganaderos de Arizona y Nuevo México han reportado pérdidas de ganado relacionadas con depredación de lobos y reclaman mayores herramientas para responder a esos conflictos.
La administración Trump presentó precisamente la orden como una medida de apoyo al sector ganadero. El documento instruye a las autoridades a revisar mecanismos de compensación y las reglas para responder a casos de depredación.
El problema, desde la perspectiva conservacionista, está en qué tan lejos se puede llegar para proteger al ganado sin poner nuevamente en peligro a una especie que apenas está recuperándose.
México dice que debe conservarse, pero ¿qué hará para defenderlo?
El tema también llegó a la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien fue cuestionada directamente sobre qué medidas implementaría el Gobierno de México para garantizar el bienestar del lobo mexicano ante la posibilidad de que Estados Unidos reduzca o retire sus protecciones.
Su respuesta fue, en términos generales, que se trata de una especie transfronteriza, que también habita en México y que cuenta con protección dentro del país, además de existir protocolos internacionales para especies en riesgo.
Sheinbaum señaló que México y Estados Unidos deben mantener coordinación para la conservación de la especie y afirmó:
“Vamos a ver si esto llega a ocurrir porque no debería ser así… es una especie que tenemos que conservar”.
El mensaje fue políticamente correcto y reconoció la importancia de proteger al lobo mexicano. Pero hasta el momento, la presidenta no anunció una medida concreta para intentar frenar la eventual decisión estadounidense.
Tampoco informó sobre una petición formal al Gobierno de Estados Unidos, una acción diplomática específica, una estrategia binacional adicional o algún mecanismo para garantizar que, si el proceso de reducción o eliminación de las protecciones avanza, México pueda intervenir en defensa de la especie.
Y ahí queda una pregunta incómoda:
¿Qué hará México si Estados Unidos efectivamente decide reducir o retirar la protección del lobo mexicano?
Decir que es una especie que debemos conservar es correcto. Reconocer que es transfronteriza también.
Pero para una especie que apenas está recuperándose y cuya población depende de esfuerzos binacionales, la conservación no debería quedarse solamente en una declaración de buenas intenciones.
El lobo mexicano no sabe dónde termina México y dónde comienza Estados Unidos. Su conservación tampoco debería detenerse en una frontera.
Por ahora, la protección estadounidense sigue vigente y el proceso apenas comienza. Sin embargo, mientras Washington analiza reducir sus salvaguardas, México todavía no ha presentado públicamente un plan concreto para responder ante ese escenario.
¿Retroceso o recuperación con nuevas reglas?
Y aquí está la pregunta que deja esta decisión:
¿Cuándo una especie está realmente recuperada y cuándo simplemente estamos confundiendo una mejoría con haber dejado atrás el peligro?
Porque sí: que la población haya pasado de 286 a 319 ejemplares en un año es una señal positiva. Es fruto de décadas de trabajo científico, reproducción, monitoreo, reintroducción y conservación.
Pero precisamente por eso resulta preocupante que, cuando el número apenas se acerca a uno de los parámetros establecidos para considerar una reducción de protección, ya se esté impulsando un proceso que podría terminar debilitando las salvaguardas federales.
El lobo mexicano no llegó hasta aquí por casualidad.
Llegó porque hubo personas, científicos, autoridades y organizaciones que se negaron a aceptar que una especie pudiera desaparecer.
Y ahora la conservación enfrenta una nueva prueba.
Porque quitarle protección a un animal que apenas está regresando no debería ser el precio de proteger una actividad económica.
El reto tendría que ser encontrar mecanismos para reducir los conflictos con la ganadería sin volver a convertir al lobo mexicano en el enemigo que hay que eliminar.
Por ahora, la protección continúa vigente y el proceso apenas comienza. Pero la alerta ya está encendida.
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— Ni Perra Idea – Periodismo Daltónico (@NP_ideaa) September 5, 2026
El presidente @realDonaldTrump firmó una orden ejecutiva que instruye al secretario del Interior, @DougBurgum, a determinar si el lobo gris y… pic.twitter.com/hGIUhWD9T7
