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El Castillo de Chapultepec suma a su acervo un retrato histórico de Hernán Cortés

El Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, acaba de sumar a su colección una pieza que no pasa desapercibida: un retrato de Hernán Cortés, figura clave —y profundamente polémica— en la historia de México. La obra fue donada por la familia Pignatelli Aragona Cortéz, descendiente del capitán español, y ya puede verse en la primera sala del museo, titulada Dos continentes aislados.

La pintura, un óleo sobre tela, muestra a Cortés en la mediana madurez, alrededor de los 32 años. Sin embargo, más allá del rostro, lo que realmente llama la atención es el escudo de armas del Marquesado del Valle de Oaxaca que aparece en una esquina del cuadro, un símbolo que habla de poder, ambición y del complejo entramado político de la época.

Durante la ceremonia de donación, el director del museo, Salvador Rueda Smithers, subrayó que el objetivo del MNH no es glorificar ni condenar, sino mantener viva la memoria histórica con imparcialidad. Y es que Cortés ha pasado, a lo largo de los siglos, de ser considerado héroe a convertirse en una figura cuestionada, situada entre la admiración y la crítica.

El escudo que acompaña al retrato es, por sí solo, un relato visual del choque entre dos mundos. Sobre un fondo negro aparecen las coronas de Moctezuma, Cuitláhuac y Cuauhtémoc, así como las cabezas encadenadas de señores de distintos pueblos del Valle de México. Un símbolo que refleja tanto el ascenso social del conquistador como las tensiones y tragedias que marcaron ese periodo.

De acuerdo con especialistas, el retrato podría ser una copia del siglo XVII de una obra de cuerpo entero que la historiografía sitúa en el Hospital de Jesús Nazareno, en la Ciudad de México, lugar donde reposan los restos de Cortés. La pieza permaneció durante generaciones en manos privadas, hasta que en 2024 fue reconocida oficialmente como parte del patrimonio nacional, gracias a gestiones conjuntas de las secretarías de Relaciones Exteriores y de Cultura.

Para Ascanio Pignatelli Aragona Cortéz, el donante, el cuadro dejó de ser un objeto familiar rodeado de leyenda para convertirse en una pieza que dialoga con la historia colectiva del país. Una visión que también compartió el cineasta e investigador Miguel Gleason, quien recordó que de encuentros como este han surgido proyectos que buscan la reconciliación con el pasado, como su documental El Reencuentro. 500 años Moctezuma y Cortés.

Con esta incorporación, el Castillo de Chapultepec abre una nueva conversación sobre uno de los personajes más controvertidos de la historia mexicana, recordando que el pasado no es blanco o negro, sino un claroscuro que sigue interpelando al presente.