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Fernanda Paredes

Cuando la Maternidad No es Instinto: El Caso de Imelda Tuñón

Hablemos de la situación de Imelda Tuñón para poner sobre la mesa que no todas las madres son aptas para cuidar, que no todas las madres son buenas con sus hijos y que el cuidado no es algo natural en las mujeres. Como sabrán si les gusta leer está columna: en mi corazón soy una periodista de espectáculos, y me apasiona escribir sobre la maternidad. La verdad es que las notas del espectáculo algunas veces se prestan para ejemplificar cómo miramos la maternidad y qué es para nosotros como sociedad este constructo/rol y el proceso biológico que implica.

Si vives debajo de una piedra y no sabes de qué estoy hablando te resumo: Imelda Tuñon es una actriz y modelo, viuda de Julián Figueroa, tiene un hijo en edad escolar, ella ha vivido con su suegra Maribel Guardia desde que el niño nació, Maribel interpone una demanda en su contra porque no la considera apta para cuidar al pequeño argumentando que tiene un problema de adicciones que agrava su condición como persona con bipolaridad, que no participa en la crianza del niño, el cual tiene chofer y niñera, en fin, tiene otras prioridades y no se hace cargo de ningún gasto, pues no tiene un empleo. Apartan un corto tiempo a la criatura de su madre, luego se lo devuelven y siguen los pleitos por la herencia, además de la manutención del niño entre las dos antes mencionadas. En estos pleitos se ha dicho de todo, que Maribel compró a las autoridades, que Imelda ejercía violencia contra Julián, del que se estaba divorciando, entre otros chismes.

En la sociedad, la maternidad suele percibirse como un instinto natural. Si bien el embarazo y el parto son procesos biológicos, el cuidado y la crianza no son habilidades exclusivas de las madres ni algo innato, sino prácticas que se aprenden y se construyen depende de la cultura. La académica Adrienne Rich señala que no solo es una experiencia individual, sino también una institución social que impone roles y expectativas a las mujeres: “La maternidad institucionalizada exige de las mujeres un ‘instinto’ maternal en lugar de inteligencia, generosidad en lugar de una realización propia de la personalidad, y la relación con los demás en lugar de la creación del yo”. Esta perspectiva cuestiona la idea del instinto maternal como algo natural e inquebrantable, evidenciando que no todas las madres pueden, o quieren, ejercer ese rol de manera adecuada, lo que nos hace preguntarnos ¿cuál es la manera adecuada? Hay tantos tipos de maternidad que tampoco podemos señalar una ideal, en esta ocasión hablamos de cuidado y bienestar de las infancias, ese debería ser el tema central.

El caso de Imelda Tuñón y Maribel Guardia ha creado un debate en los medios y programas del espectáculo: algunas personas consideran que Maribel hizo bien en intervenir legalmente para proteger a su nieto, otras consideran que solo una madre sabe lo que es mejor para sus hijos. En este tipo de debates vale la pena preguntar: ¿Es la maternidad el único vinculo para proteger a un niño o niña? ¿Ser madre te dota mágicamente de todas las respuestas y habilidades para criar?

Lo anterior evidencia que no todas las mujeres pueden o quieren ejercer la maternidad, aunque la sociedad siga aferrándose a la idea de que el amor materno es innato e inquebrantable. El caso de Imelda Tuñón, marcado por adicciones y una falta de participación activa en la vida de su hijo, desafía esta expectativa. Mientras algunos la juzgan con dureza, otros insisten en que los niños siempre deben estar con su madre, esencializando el cuidado materno (y, por ende, femenino), y dejando de lado las redes de cuidado que también sostienen la crianza. Además, se asume erróneamente que toda mujer que es madre posee una capacidad innata para cuidar, pero ¿es realmente así? ¿El bienestar infantil depende exclusivamente del vínculo materno? Si esto fuera cierto, no existirían las múltiples historias de terror de madres que han arrebatado la vida a sus hijos, los han abandonado o han sido negligentes debido a sus propias limitaciones, como las adicciones no tratadas.

Esta columna no busca señalar o juzgar a Imelda, ni a ninguna otra persona, lo que busco es siempre cuestionar el instinto maternal y poner en la mesa que no todas las madres están en condiciones de hacerse cargo de sus hijos, el enfoque debería estar en garantizar la mejor crianza posible, sin asumir que la madre es siempre la mejor opción, es urgente proteger a las infancias, aunque en algunos casos sea de sus propios padres o de su propia madre. Hasta aquí mi columna, yo igual que muchas personas queremos bien harto a Maribel, deseamos que pueda convivir con su nieto y estar segura de que está bien.

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