Ya es oficial: Gaby “La Bonita” Sánchez, secretaria del Deporte de Puebla y campeona mundial interina de peso mosca del CMB, se enfrentará a Mariana “La Barby” Juárez en una pelea que será transmitida por Canal 5 dentro de “Sábados de Box”.
Aquí tendremos a la secretaria del Deporte de Puebla subiéndose nuevamente al ring, frente a una de las boxeadoras mexicanas más conocidas del país, con transmisión nacional y un escaparate que difícilmente podría ser más conveniente para hacer crecer un nombre.
Suena casi espectacular, salvo por un pequeño detalle —que ni es tan pequeño— y es que no es una pelea oficial. No habrá cinturón en disputa, pues Gabriela y Mariana no pertenecen a la misma categoría.
Es decir: nos van a vender madrazos, por mero espectáculo y -en mi no tan humilde opinión- excelente temporalidad política. Porque qué casualidad, pero qué casualidad tan bien acomodada, que esta pelea aparezca justo cuando en Puebla ya empezó la conversación sobre quiénes podrían competir por la capital en 2027.
Y a ver, esto no empezó ayer. Hace unos meses, después de que Gaby conquistara el campeonato mundial interino, apareció Mariana Juárez entre el público, Gaby la retó y La Barby subió al cuadrilátero para aceptar. Todo “muy natural y espontáneo”, muy de “se me ocurrió aquí mismo”, muy de película deportiva. Y apenas hace unos días la pregunta sobre el anunciado encuentro se coló en la mañanera de AA, igual muy “casualmente” (Las comillas son sarcasmo, querido lector. Por si acaso.)
Porque cuesta trabajo creer que una pelea con una figura como Mariana “La Barby” Juárez, una mujer con más de 35 combates por títulos mundiales, que además tiene reconocimiento nacional y que incluso pasó por La Casa de los Famosos México, simplemente haya nacido de una ocurrencia frente a un micrófono.
Pero bueno, aceptemos por un momento que fue espontáneo. Lo verdaderamente interesante viene después.
¿Qué gana Gaby con esta pelea tan físicamente dispareja para ella?
Porque La Barby no necesita a La Bonita para construir una carrera. Tiene décadas de trayectoria, campeonatos, reconocimiento y una imagen pública perfectamente consolidada. La que necesita que millones de personas vean su nombre junto al de Mariana Juárez es Gaby Sánchez.
Y aquí es donde el box deja de ser solamente box.
Porque nadie puede hacerse el sorprendido con que Gaby “La Bonita” Sánchez es uno de los nombres que Alejandro Armenta ha colocado en la conversación política rumbo a las próximas elecciones. Se habla de ella como una posible carta para Puebla capital y, aunque las candidaturas todavía están lejísimos de definirse, su nombre está ahí.
Por eso esta pelea me parece políticamente relevante.
No puedo dejar de cuestionar la utilización de una plataforma deportiva con alcance nacional para seguir construyendo el personaje político. Porque una cosa es ser campeona, otra cosa es ser secretaria y otra muy distinta es convertirse en candidata para los siguientes comicios.
Porque si la pelea se transmite por televisión nacional, si hay promoción institucional, si aparecen espectaculares, entrevistas, publicidad y campañas alrededor de la figura de Gaby, tendremos que preguntar quién paga todo eso.
No porque esté prohibido hacer deporte. No porque una mujer tenga que renunciar a sus sueños por ser funcionaria. Sino porque los recursos públicos no pueden convertirse en una máquina de posicionamiento electoral disfrazada de evento deportivo.
Una boxeadora profesional no vive de abrazos, aplausos y “qué bonito que apoyemos el deporte”. Tiene una carrera, tiene un nombre y tiene un valor comercial. Y si además el evento llegará a millones de hogares por televisión, entonces hay una producción detrás, derechos, logística, promoción y una larga lista de etcéteras.
La Barby tampoco sube al ring por amor a Puebla. Tiene una trayectoria enorme y un nombre que vale. Una boxeadora profesional cobra por pelear, y aunque no tengamos sobre la mesa la cifra exacta de lo que recibirá Mariana Juárez por esta exhibición, la pregunta es completamente válida: ¿cuánto va a pagar Puebla por traerla?
Así que estaría buenísimo que alguien nos contara cuánto cuesta la fiesta.
Y si Gaby vuelve a donar lo recaudado en taquilla, como ha ocurrido en anteriores combates, perfecto. Eso es digno de reconocimiento. Pero tampoco nos hagamos los ingenuos: que una deportista done lo recaudado no significa que el evento sea gratuito para el gobierno. Son cosas completamente distintas.
Y hay algo todavía más curioso.
Gaby ya ha protagonizado peleas con causa. En abril de 2025, el combate contra Simangele Hadebe recaudó 1.8 millones de pesos que fueron destinados al DIF estatal para la Casa de Maternidad. Posteriormente, también se anunció que la taquilla de su pelea contra Tamara Demarco sería destinada al equipamiento médico de ese espacio. Muy bonito lo que hace la Bonita.
Pero entonces pregunto: ¿cuántas veces vamos a utilizar el mismo mecanismo para seguir construyendo una imagen política? ¿Gaby nunca piensa cobrar por -literalmente- partirse la cara?
Lo que sí queda claro es que nuestro gober amoroso, Alejandro Armenta, juega otra pelea bastante más complicada: la de posicionar a sus cartas para 2027 sin hacer que ninguna termine por comerse a la otra.
Porque ahí tenemos también a Laura Artemisa García Chávez, otro perfil cercano al gobernador y con aspiraciones perfectamente naturales dentro del tablero político poblano.
Laura tiene un perfil completamente distinto al de Gaby. Es política, tiene experiencia legislativa, tiene estructura y una personalidad que impone. Gaby tiene juventud, popularidad, una historia deportiva y una narrativa mucho más fresca.
El problema es que si Armenta intenta empujar a las dos al mismo tiempo, puede terminar haciendo exactamente lo contrario de lo que pretende: que ninguna alcance la fuerza suficiente para arrasar en la boleta. Y entonces sí tendremos una pelea. Pero esa no será contra La Barby. Será entre las propias cartas del gobernador.
Esto es una columna de OPINIÓN, y a riesgo de entrar en la lista de comentócratas, escribiré lo que en mi corta experiencia en el gremio periodístico me ha enseñado sobre este tipo de eventos: está lleno de acarreados; es poca la gente que gasta de su propio bolsillo para acudir, pero claro que se llenan asientos repartiendo cortesías a diestra y siniestra.
Pero más allá de la fobia personal que le tengo al deporte -pues sigo sin entender qué placer encuentra la humanidad en pagar para ver cómo dos personas se dan en la madre- creo que el gobierno debe transparentar a la brevedad cuánto cuesta el evento, de dónde sale el recurso y -sobre todo- cuál es el beneficio que le trae a Puebla.
Hasta aquí el chisme, lo viral, el tamal con crema… y también con pasas
Por Edith Adriana Colchado Jiménez
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