DEJANDO HUELLA

Entrevista perronas con gente de pocas pulgas

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Héroes de cuatro patas: los perros que también corrieron hacia el horror del 11-S

Tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, cientos de perros de búsqueda, rescate, detección y terapia llegaron a los sitios de la tragedia. Entre escombros, fuego, polvo y cansancio, buscaron sobrevivientes, localizaron víctimas y también se convirtieron en refugio emocional para quienes trabajaban entre las ruinas. 25 años después, sus nombres siguen mereciendo ser recordados.

Hay historias que se cuentan con nombres y apellidos. Y hay otras que, durante mucho tiempo, quedaron simplemente bajo la etiqueta de “los perros que ayudaron después del 11-S”.

Pero ellos también tenían nombre.

Bretagne. Trakr. Apollo. Riley. Jake. Sirius. Y cientos más.

En los días posteriores a los ataques del 11 de septiembre de 2001, más de 300 perros participaron en las labores de búsqueda, rescate, recuperación, detección y acompañamiento en el World Trade Center, el Pentágono y otros puntos relacionados con la tragedia. El 9/11 Memorial & Museum estima que fueron más de 300 los perros que participaron en Ground Zero.

No llevaban cámaras. No entendían de política. No sabían por qué aquella ciudad estaba cubierta de polvo.

Solo sabían que tenían un trabajo… Buscar. Y lo hicieron.

Apollo: entre las llamas y de vuelta al trabajo

Uno de los primeros en llegar a Ground Zero fue Apollo, un Pastor Alemán de la unidad K-9 del NYPD.

Él y su manejador, el oficial Peter Davis, llegaron aproximadamente 15 minutos después del colapso de las Torres Gemelas. El escenario era prácticamente inimaginable: agua, fuego, metal retorcido y toneladas de escombros.

En medio de la búsqueda, Apollo cayó en un agujero. Segundos después, una llamarada lo envolvió.

Su manejador pensó que lo había perdido.

Pero el lomito salió con el pelaje chamuscado y volvió a ponerse de pie. Davis retiró los restos que ardían sobre su cuerpo y Apollo regresó a buscar.

Sus patas estaban lastimadas por el concreto y los metales, pero continuó trabajando.

Porque para él, todavía podía haber alguien esperando.

Trakr encontró a alguien que todavía estaba esperando

Entre las historias más impresionantes está la de Trakr, un Pastor Alemán que llegó desde Canadá junto con su manejador, el policía James Symington.

El binomio recorrió aproximadamente 15 horas desde Nueva Escocia hasta Nueva York para sumarse a las labores de rescate.

La mañana del 12 de septiembre, Trakr detectó señales de vida debajo de los escombros.

Los rescatistas comenzaron a excavar.

Ahí estaba Genelle Guzman-McMillan, atrapada después del colapso y aproximadamente 27 horas bajo los restos del World Trade Center.

Trakr y su manejador ayudaron a localizarla: fue la última persona rescatada con vida de Ground Zero.

En medio de una tragedia donde casi todo parecía perdido, un perro siguió olfateando hasta encontrar una señal.

Y esa señal era una vida.

Bretagne: una cachorra que llegó a una misión que nadie debería haber vivido

Cuando Bretagne, una Golden Retriever de Texas, llegó a Nueva York tenía apenas dos años.

Era su primera gran misión.

Durante aproximadamente 10 días, ella y su manejadora, Denise Corliss, trabajaron turnos de alrededor de 12 horas entre los restos de las Torres Gemelas. Su misión comenzó buscando sobrevivientes y terminó convertida en labores de recuperación.

Bretagne caminó sobre estructuras de acero, concreto y escombros inestables. Olfateó entre espacios donde apenas podía caber un cuerpo humano y trabajó en un ambiente de polvo, humo y temperaturas extremas.

Pero hubo algo más.

Los perros entrenados para búsqueda de sobrevivientes estaban acostumbrados a encontrar personas con vida. Eso era parte del juego que conocían y de la recompensa que recibían por su trabajo.

En Ground Zero, los hallazgos de personas vivas eran cada vez más escasos.

Veterinarios y personas que estuvieron en la zona describieron cómo algunos perros comenzaban a mostrarse desanimados ante la ausencia de resultados. En algunos equipos, los rescatistas llegaron a esconderse entre los escombros para permitir que los perros tuvieran un “hallazgo” y conservaran su motivación.

No era un juego. Era una manera de decirles, en su propio lenguaje:

“Lo estás haciendo bien. Sigue buscando.”

Y ellos siguieron.

Riley: una imagen que quedó para siempre

Otro de aquellos héroes fue Riley, un Golden Retriever integrante de Pennsylvania Task Force 1.

Fue entrenado para localizar personas con vida, pero conforme las posibilidades de encontrar sobrevivientes disminuyeron, también participó en la recuperación de cuerpos.

Una fotografía de Riley siendo trasladado sobre los escombros se convirtió en una de las imágenes más recordadas de los perros que trabajaron en Ground Zero.

Su rostro, entre las ruinas, parecía decirlo todo.

Todavía estamos aquí. Todavía estamos buscando.

Jake: de perro abandonado a héroe de Ground Zero

Y está Jake.

Antes de convertirse en perro de búsqueda y rescate, había sido encontrado abandonado cuando era cachorro, con una pierna fracturada y una cadera lesionada.

Contra todo pronóstico, fue adoptado, rehabilitado y entrenado.

Después llegó el 11-S.

Jake trabajó durante 17 días en Ground Zero, enfrentando humo, fuego, restos metálicos y aire contaminado mientras participaba en las labores de búsqueda y recuperación.

Después de Nueva York todavía le quedaban misiones.

Participó en los trabajos posteriores al huracán Katrina y Rita y, años después, también se convirtió en perro de terapia.

Ese fue Jake: primero sobrevivió a la vida que le había tocado; después dedicó la suya a ayudar a otros.

Sirius: el héroe que no pudo salir

Imágenes recuperadas de la web. Todos los créditos a quien correspondan

Pero no todos regresaron.

Sirius, un Labrador amarillo de la Policía de la Autoridad Portuaria, estaba con su manejador, el teniente David Lim, en el sótano de la Torre Sur cuando comenzaron los ataques.

Cuando Lim sintió que el edificio se estremecía, aseguró a Sirius dentro de su jaula antes de salir para ayudar en la evacuación.

Le prometió que regresaría. Lim sobrevivió al colapso. Sirius no.

Su cuerpo fue localizado entre los restos de la Torre Sur en 2002 y retirado de Ground Zero con una escolta de honor, como correspondía a un miembro caído de la Policía de la Autoridad Portuaria.

Su historia permanece en el 9/11 Memorial Museum a través de objetos como su placa, su correa y un cepillo utilizado por su compañero humano.

Porque incluso en medio de una tragedia que cobró miles de vidas, alguien se encargó de decir:

“Él también estuvo aquí. Él también importó.”

No todos buscaban entre los escombros

Los perros del 11-S no solamente buscaron sobrevivientes.

Algunos fueron entrenados para detectar explosivos. Otros participaron en la recuperación. Y otros llegaron para hacer algo que, en aquel momento, también era necesario: acompañar.

Perros de terapia recorrieron las áreas donde trabajaban bomberos, policías, paramédicos y voluntarios. En medio de jornadas interminables, polvo, muerte y agotamiento, un perro podía ofrecer algo tan sencillo como acercarse, apoyar la cabeza sobre una pierna o dejarse acariciar.

El 9/11 Memorial reconoce precisamente ese papel: los perros también fueron una fuente de consuelo y alivio emocional para quienes permanecieron trabajando durante horas y días en la zona.

Porque a veces un lomito no necesita entender lo que está pasando para saber que alguien necesita compañía.

25 años después, que sus nombres no se pierdan

Con el paso del tiempo también llegaron las consecuencias.

Aquellos perros estuvieron expuestos a humo, polvo, calor, cortes, deshidratación y sustancias presentes en los escombros. Veterinarios y voluntarios tuvieron que atenderlos mientras continuaban trabajando.

La ciencia también ha estudiado la salud de los perros desplegados en el World Trade Center, el Pentágono y Fresh Kills para conocer mejor los efectos de haber trabajado en aquellos escenarios.

Bretagne fue durante años uno de los últimos vínculos vivos con aquella generación.

Murió en 2016, a los 16 años, después de una vida que continuó mucho más allá de Ground Zero: participó en otros desastres, trabajó como perro de apoyo y ayudó a niños a sentirse más seguros mientras aprendían a leer.

Cuando llegó el momento de despedirla, bomberos y rescatistas formaron una fila y la saludaron mientras entraba al hospital veterinario.

Una última guardia. Esta vez, para ella.

Porque ellos también corrieron hacia el peligro

Este 11 de septiembre de 2026, a 25 años de aquella tragedia, recordamos a las miles de personas que perdieron la vida y a quienes se lanzaron a ayudar.

Pero desde nuestra manada también queremos detenernos un momento para recordar a quienes no tenían idea de lo que estaba ocurriendo y, aun así, fueron hacia el desastre.

Los perros no eligieron la tragedia. No entendían por qué las torres habían caído. No sabían qué era el terrorismo. No podían dimensionar el dolor de una ciudad.

Solo sabían buscar… Buscar a alguien, encontrar a alguien y ayudar.

Y cuando ya casi no quedaba esperanza, algunos siguieron olfateando entre las ruinas.

Por eso, 25 años después, no deberían ser solamente “los perros del 11-S”.

Fueron Bretagne, Trakr, Apollo, Riley, Jake, Sirius y cientos de nombres más.

Fueron compañeros, rescatistas, policías, terapeutas y, para muchas personas, un pequeño pedazo de esperanza en medio del horror.

Ellos también estuvieron ahí.
Ellos también dejaron huella.
Y ellos también merecen que nunca los olvidemos.

Video recuperado de Michael Mattox – The Mad Ox en X