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Mina no sobrevivió: la osa rescatada del abandono murió tras meses de lucha… y deja preguntas sobre la responsabilidad y la omisión

La osa Mina falleció el 10 de junio de 2026 por un paro cardiorrespiratorio derivado de una enfermedad cardíaca crónica; su caso evidenció años de abandono, negligencia y una reacción institucional que llegó tarde.

Mina luchó hasta el final. Pero no fue suficiente.

La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Fundación Invictus A.C. confirmaron el fallecimiento de la osa el pasado 10 de junio de 2026, luego de que su cuerpo no resistiera las secuelas de años de abandono. La necropsia, entregada el 23 de junio, determinó que la causa fue un paro cardiorrespiratorio, consecuencia de una enfermedad cardíaca crónica avanzada, que derivó en edema pulmonar severo e insuficiencia respiratoria aguda.

Detrás del diagnóstico hay una historia más profunda: Mina ya estaba gravemente enferma mucho antes de ser rescatada.

Durante los nueve meses que permaneció bajo resguardo de Invictus, recibió atención médica especializada, tratamientos constantes y cuidados permanentes. Ingresó con un cuadro crítico: desnutrición crónica, cardiomegalia y severos problemas dermatológicos, signos claros de un deterioro prolongado.

Su caso se volvió viral a finales de 2025, cuando imágenes de su estado físico —con sarna avanzada, bajo peso extremo y visibles signos de abandono— generaron indignación nacional. Fue entonces cuando las autoridades actuaron.

Aunque la Profepa destacó el trabajo de Invictus por brindarle “una vida digna y cariño durante sus últimos meses”, la historia de Mina también exhibe otra realidad: la intervención llegó cuando el daño ya era, en gran medida, irreversible.

En noviembre de 2025, la fundación reportaba ligeras mejorías en su estado. Mina respondía a tratamientos, su piel comenzaba a sanar y su organismo mostraba signos de estabilización. Sin embargo, seguía clasificada como paciente crítica, bajo vigilancia permanente y con un pronóstico reservado.

Su cuerpo resistió lo que pudo.

El caso también abrió un proceso administrativo contra el predio donde permanecía confinada antes de su rescate. En marzo de 2026, la Profepa notificó sanciones y medidas de reparación del daño. No obstante, la resolución fue impugnada y, hasta ahora, las sanciones no han podido ejecutarse.

Es decir: no hay consecuencias firmes todavía.

Mina no solo fue una osa rescatada. Fue el reflejo de un sistema donde el maltrato puede prolongarse durante años sin intervención efectiva, y donde la acción institucional muchas veces ocurre hasta que la presión social lo exige.

Hoy, su historia cierra con un desenlace que duele, pero que también deja una exigencia clara: no basta con rescatar… hay que prevenir, sancionar y evitar que otro caso llegue demasiado tarde.

Porque Mina tuvo atención.
Tuvo cuidados.
Pero también tuvo un pasado que nunca debió existir.